MacRobert & Canals
Logroño, La Rioja
sobre Rioja
etiquetas, web y sistema
no como fórmula
Una identidad construida desde el territorio,
no desde una imagen previsible de Rioja.
Una historia rica,
pero difícil de sintetizar.
MacRobert & Canals es una pequeña bodega familiar situada en Logroño, dirigida por Bryan MacRobert, enólogo sudafricano.
El proyecto reunía muchas capas: una mirada nacida en Sudáfrica, una raíz riojana, viñedos en distintos pueblos y parajes, variedades autóctonas, viñas viejas y una forma de elaborar basada en la mínima intervención.
El reto no era añadir una estética al proyecto. Era encontrar una forma visual capaz de ordenar esa complejidad sin convertirla en algo pesado.
Un territorio
convertido en símbolo.
No partimos de una forma decorativa, sino de una lectura del lugar.
El imagotipo reúne cuatro montañas que explican la identidad de la bodega: Table Mountain, como origen personal de Bryan MacRobert en Ciudad del Cabo, y tres sierras que hablan de la diversidad real de Rioja: Cantabria, La Hez y La Demanda.
La forma circular recoge esa suma de territorios y hemisferios, pero no termina de cerrarse del todo. Queda abierta, como una copa, como un paisaje, como una forma de entender el vino desde la tierra.
El resultado es un símbolo que no ilustra Rioja de forma literal: la interpreta.
Ordenar una identidad
sin reducirla.
La historia de MacRobert & Canals no cabía en un relato simple: Bryan, Sudáfrica, Logroño, Rioja, viñas viejas, mínima intervención, variedades autóctonas y una manera muy personal de entender el vino.
Mi trabajo fue construir una narrativa capaz de ordenar todas esas capas sin convertirlas en ruido. Encontrar un eje, dar jerarquía a la historia y hacer que cada decisión visual naciera de una misma idea.
Rioja como territorio permitió unir origen, paisaje, diversidad y oficio. No como un recurso estético, sino como una estructura desde la que podía crecer todo el sistema.
Una identidad pensada
para sostenerse en piezas reales.
A partir del imagotipo y de la narrativa, la identidad tenía que bajar a piezas concretas: etiquetas, web, sistema visual y aplicaciones de marca.
No se trataba de diseñar elementos aislados, sino de construir una lógica común para que todo hablara desde el mismo lugar: el territorio, la bodega, la diversidad de Rioja y la mirada propia del proyecto.
La aportación estuvo en hacer que la marca pudiera reconocerse en cada pieza, sin volverse rígida ni perder profundidad. Un sistema visual con raíz, capaz de explicar la bodega sin convertirla en una fórmula.